Cipriano Castro y los banqueros

“..los directores del Banco Caracas y el presidente y secretario del Banco de Venezuela fueron conducidos a prisión. En las temidas cárceles de la Rotunda primero, en su aterrador “Tigrito” luego, Matos los acompañará días después.” Imagen tomada del libro “Castro y Chávez: Dos Caudillos de Postín”” de Enrique Viloria Vera.

En enero de 1900, Castro convoca al potentado General Manuel Antonio Matos, propietario y director principal del Banco de Venezuela, a una reunión en la que le solicita el concurso financiero de la entidad bancaria para ayudar a cerrar la aguda brecha fiscal. Ante la evasiva del banquero y en respuesta a su carta en la que aconseja a Castro una fórmula de obtención de fondos que no implique la participación de su banco ni mayor violencia a la existente, los directores del Banco Caracas y el presidente y secretario del Banco de Venezuela fueron conducidos a prisión. En las temidas cárceles de la Rotunda primero, en su aterrador “Tigrito” luego, Matos los acompañará días después.

Picón Salas narra vividamente lo ocurrido con los banqueros y el desenlace a corto y a mediano plazo:

“Y varios días después, entre dos hileras de soldados, sacan a los banqueros del presidio y los hacen recorrer a pie las populosas calles que median entre la prisión y el Ferrocarril inglés. Circulaba la noticia de que los mandarían a las bóvedas de San Carlos, pero sólo se trataba de una procesión bufa. Don Bernardo Lassére, Presidente de la Junta Directiva del Banco de Venezuela, meditó bastante en sus horas de presidio, y accedió a que la Institución prestara al Gobierno el dinero pedido. Ahora todos recobraban la libertad, y don Cipriano hace una visita de cortesía a los Bancos como para borrar cualquier agravio: En estas curiosas relaciones suyas con la Economía Nacional en que pasará de la violación al halago, tres años después, dará una de las más lujosas fiestas de su gobierno en homenaje a la directiva de los “Bancos de Venezuela y Caracas”. Serán los huéspedes, los prisioneros de ayer”.

por Enrique Viloria Vera

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