Palante sí, patrás no

“Claro que para dónde hay que ir es palante. Y ese camino pasa, inexorablemente, por superar a la hegemonía roja.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.


Cuenta la leyenda que el presidente de Estados Unidos, Harry Truman, pedía a sus colaboradores más importantes que le consiguieran un economista “mocho” (one handed economist). Ante el asombro de los colaboradores, y cuando éstos le preguntaron el porqué de tan curiosa petición, Truman les explicaba, que cada vez que le planteaba algo a un economista de renombre, este le contestaba que “por una parte” (in the one hand), tal y tal cosa; pero que “por otra parte” (in the other hand), tal y cual otra… Con lo cual todo quedaba en nada y él, Truman, no recibía una asesoría efectiva.

“Consigan un economista mocho y se resuelve el problema”, pensaba Truman, que parecía un presidente de segunda clase en comparación con F.D. Roosevelt, pero que la historia demostró que no fue así. Todo ello viene a colación por las posturas de algunos voceros políticos, politológicos y comunicacionales de la “oposición”, que no desean comprometerse en una lucha definitiva, y entonces han inventado una fórmula “perfecta”: todos los caminos democráticos, sin exclusiones… Con lo cual, desde luego, se terminan asemejando a los economistas que sulfuraban a Truman.

Así por ejemplo, se invoca el 333 y el 350 de la Constitución para desconocer la “constituyente de Maduro”, pero después se la reconoce con juramentos y actividades derivadas. Se anuncia que el CNE fabricó casi 6 millones de votos en los supuestos comicios constituyentes –lo que equivaldría, en términos proporcionales, al fraude más colosal de la historia electoral de la humanidad–, pero acto seguido se llama a participar en otros comicios confeccionados por el mismo CNE, y se descalifica a quienes advierten las obviedades de la situación.

Se proclama que la hegemonía que encabeza Maduro es una dictadura dominada por la delincuencia transnacional, pero se defiende la necesidad de negociar con ella, en aras de la democracia, la transparencia y el cambio afirmativo. No sé, pero todas estas realidades –lamentables realidades—me recuerdan la leyenda de Truman y el economista mocho. Lo que traducido en el idioma de nuestro tiempo sería o palante o patrás. Pero los dos rumbos al mismo tiempo no nos pueden llevar a ninguna otra parte que no sea estacionarnos en el presente.

Los que quieran ir patrás, pues que lo digan claramente y lo hagan. Al menos serán francos y la gente sabrá a qué atenerse. Claro que para dónde hay que ir es palante. Y ese camino pasa, inexorablemente, por superar a la hegemonía roja.

por Fernando Luis Egaña

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