Ira Bolivariana

Los hombres, que han creado nuevas frutas en el mundo, son incapaces de crear un sistema gracias al cual se pueda comer. Y este fracaso cae sobre el Estado como una gran catástrofe (…). Y en los ojos de la gente hay una expresión de fracaso, y en los ojos de los hambrientos hay una ira que va creciendo. En sus almas las uvas de la ira van desarrollándose y creciendo y algún día llegará la vendimia.
John Steinbeck. Las uvas de la ira.

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Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre,
ayo ni freno que la corrija.
Miguel de Cervantes

“Ojalá que la ira no llegue a más y no se desborden las pasiones, y no corra más sangre –aunque esta vez no sería de los inocentes– por las roja–rojitas calles y avenidas de la malhadada e infeliz patria socialista.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

En la Venezuela bolivariana, la República de Nadalandia todo brilla por su ausencia. Informan que se produce sólo el 30 % de los alimentos que se consumen: así que no hay nada de nada; lo poco que se consigue se vende en gramos, en cucharadas, en verdaderas bolsitas de miseria, La gente anda como ausente por las calles deterioradas, por el metro que no funciona, se sube persignándose a los autobuses que van quedando, en espera del malandro que revólver en mano amenaza: ¡denme todo lo de valor o los quiebro!

Hay hambre, miseria, frustración, desesperanza, ganas de irse para el mismísimo carajo, desconsuelo generalizado y una socialista infelicidad, pero sobre todo hay arrechera, resentimiento, animadversión, ira, profundos deseos de vengarse prontamente de las tropelías y atropellos que los dirigentes bailadores robustos, buchones, hablachentos, burlones y mentirosos, cometen diariamente contra un pueblo que no aguanta más, que está ahíto, pero de ira.

Más temprano que tarde, el pueblo llano con el himno nacional en la boca, exigirá a todo pulmón que se bajen las cadenas y se acabe con el yugo castro–madurista, Las cárceles se llenarán de arrepentidos culpables que ahora –desvergonzados y cobardes-, luego de haber quebrado PDVSA y el país entero, se dan golpes de pecho, se aporrean, aduciendo: ¡Yo lo dije, no me hizo caso el Comandante Supremo, barajo el tiro, zapatea pa´otro lado, yo no estaba ahí cuando eso, a mí que me registren, Yo sólo recibía órdenes superiores!

Ojalá que la ira no llegue a más y no se desborden las pasiones, y no corra más sangre –aunque esta vez no sería de los inocentes– por las roja–rojitas calles y avenidas de la malhadada e infeliz patria socialista. Seguramente veremos caer derribadas por el pueblo enfurecido las estatuas del Innombrable, las gigantografías que afean los edificios públicos de las descuidada ciudades socialistas; esta vez los ojos que nos vigilan sí se cerrarán para siempre. A los amedrentados cabecillas de esta revolución de comiquita, de este socialismo depredador e inhumano, la Biblia, tan mentada, recuerda:

Ahora pronto derramaré mi furor sobre ti y descargaré mi ira contra ti; te juzgaré conforme a tus caminos y traeré sobre ti todas tus abominaciones.

por Enrique Viloria Vera

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