Deuda criminal

“En realidad, el haber malbaratado la oportunidad de desarrollo más importante de nuestra historia, y el haber, en cambio, sumido al país en la catástrofe social y la ruina económica, es una deuda criminal imposible de superar.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

No me refiero exclusivamente a la deuda externa contraída en el siglo XXI por la jefatura de la hegemonía roja. Lo que de por sí, sin duda, es criminal, porque haber catapultado la deuda de 20 a 200 mil millones de dólares, en medio de una bonanza petrolera, es un crimen enjuiciable y condenable con las máximas penas.

Pero al utilizar la expresión “deuda criminal”, quiero ofrecer una perspectiva más amplia que la financiera. En realidad, el haber malbaratado la oportunidad de desarrollo más importante de nuestra historia, y el haber, en cambio, sumido al país en la catástrofe social y la ruina económica, es una deuda criminal imposible de superar.

Pero no de equiparar, porque el despotismo depredador que los hermanos Castro, al alimón con sus tutelados venezolanos, lograron ir montando, paso a paso, durante largos años, es también una parte notoria de la deuda criminal. Como también lo es, ya literalmente, el auge de la delincuencia organizada y su imbricación con el poder establecido en Venezuela.

Esa deuda compete fundamentalmente al oficialismo imperante en el siglo XXI, pero hay que reiterar que dicho oficialismo es como un monstruo con miles de tentáculos en todos los principales sectores de la vida venezolana, incluyendo a algunos factores que se presentan públicamente como de oposición.

Se podría hablar de una especie de triángulo en la deuda criminal. Porque si fulano o mengana son financiados por los potentados que a su vez son financiados por la hegemonía, entonces es ésta quien en realidad financia al fulano o mengana que pretenden contrabandearse como opositores al régimen, tanto en la política como en la comunicación.

La deuda criminal también abarca la destrucción de la infraestructura nacional, de los servicios públicos, de lo poco o mucho que hubiera de estado de derecho, del Estado institucional, de las bases de la democracia y de la república misma. Es una deuda no sólo avasallante sino aplastante. Una deuda que no puede ser enfrentada por los que la generaron. Al contrario, éstos tienen que dejar el poder para que la deuda colosal pueda encararse con justicia y proyección nacional.

El responsable de una deuda criminal es un deudor criminal. No hay que tener muchos dedos en la frente para saberlo. La deuda criminal que tiene aprisionada a Venezuela deberá ser superada, pero sus responsables no podrán seguir disfrutando de impunidad alguna, ni interna ni foránea.

por Fernando Luis Egaña

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