La revolución de los peores

Que sufras el doble de lo que me has hecho sufrir a mí. Maldición gitana

“Y entonces llegaron ellos, vengativos, cargados de acreencias políticas por cobrar, decidieron ajustar cuentas, y prontamente instauraron el populismo, el neo–patrimonialismo, el amiguismo, el nepotismo, el clientelismo y el prebendalismo, el socialismo y ahora el comunismo, como mecanismos para adueñarse del país, de sus riquezas, y lo que es peor de la esperanza de la gente.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

La Revolución Bolivariana, creadora del abominable socialismo del siglo XXI -burda copia del fracasado comunismo castrista-, ocupará un sitial destacado en los anales de la Historia Universal de la Infamia, por su inagotable capacidad para depredar y arruinar, en 20 dramáticos años, un país otrora boyante y feliz.

El proceso continuado de destrucción ha sido llevado a cabo por una indolente y gandula camarilla de oportunistas y corruptos dirigentes revolucionarios y anti-imperialistas que, como credenciales del absurdo, esgrimen su ineficiencia e incapacidad para gobernar y conducir a la nación. Donde pone el ojo pone el obús exterminador, el misil demoledor, su particular bomba sólo–mata–gente.

Ciertamente nos encontramos ante la Revolución de los Peores. Añoramos las ejecutorias de un conjunto de hombres y mujeres contemporáneos que se caracterizaron por ser excelentes en las diferentes áreas en las que ejercieron su disímil, pero patriota y eficiente contribución al país. El listado es largo, sin embargo, me atrevo a nombrar algunos de ellos: el Dr. Gabaldón, Sofía Imber, Rafael Alfonzo Ravard, Argenis Gamboa, Tulio Arends, J. J. Cabrera Malo, Jesús Soto, Virginia Betancourt y su padre Don Rómulo, Rafael Pizani y Francisco de Venanzi, Apascacio Mata, Luis Aparicio y Omar Vizquel, Julio Sosa Rodríguez, Rafael Caldera, Andrés Eloy Blanco, Gustavo Dudamel, Salvador Garmendia, Allan Brewer–Carías, Alfredo Sadel y Morella Muñoz, Miguel Ángel Landa, Renny Ottolina, Susana Dujim, Rodolfo Izaguirre, Luis María Olaso, José del Rey y Luis Ugalde, todos S.J., Margot Benacerraf, José Ignacio Cabrujas, Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri, Ernesto Mayz Vallenilla, Simón A. Consalvi y Arístides Calvani, Hans Newman, Johnny Cecotto, Lorenzo Mendoza Fleury, Jacinto Convit, Guillermo Morón, y tantos otros.

A todos ellos, la inclemente y despiadada revolución les aplicó lo sentenciado por Charles Bukowski: Sé lo bastante bueno en cualquier cosa y te crearás tus propios enemigos.

Y entonces llegaron ellos, vengativos, cargados de acreencias políticas por cobrar, decidieron ajustar cuentas, y prontamente instauraron el populismo, el neo–patrimonialismo, el amiguismo, el nepotismo, el clientelismo y el prebendalismo, el socialismo y ahora el comunismo, como mecanismos para adueñarse del país, de sus riquezas, y lo que es peor de la esperanza de la gente. Otra vez con los gitanos que sí saben maldecir:

Mal fin tenga tu cuerpo, permita Dios que te veas en las manos del verdugo y arrastrado como las culebras, que te mueras de hambre, que los perros te coman, que malos cuervos te saquen los ojos, que Jesucristo te mande una sarna perruna por mucho tiempo, que si eres casado tu mujer te ponga los cuernos, que mis ojitos te vean colgado de la horca y que sea yo el que te tire de los pies, y que los diablos te lleven en cuerpo y alma al infierno.

por Enrique Viloria Vera

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