España sin fronteras

“..es enteramente desproporcionada la propuesta de un referendum separatista, ilegal e inconstitucional. Una reclamación territorial carente hoy de sentido historico, que luce como un anacronismo medieval.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Imagine all the people
Living for today
Imagine there’s no country
It isn’t hard to do…

John Lennon, Imagine

España es una nueva presa del populismo, la posverdad y la banalidad que cabalgan medios y redes, para exaltar nacionalismo, racismo o cualesquiera otras pasiones que alienten resentimiento y confrontacion. Es la era del aventurerismo politico, ese fantasma que ronda el planeta, el mismo que procreó el Brexit o el arribo de Trump a la presidencia.

La coexistencia de comunidades de fuerte y diferenciado acervo historico y cultural, ha sido siempre un complejo desafío para mantener indivisible la geografía hispana. El Estatuto de Comunidades Autónomas que la democracia ha reconstituido progresivamente desde 1976, ha ido superando los obstáculos fundamentales para la convivencia de este hermoso mosaico humano que es España. Lo ha hecho bien en estas cuatro décadas, contribuyendo al impresionante crecimiento y desarrollo del país en su conjunto. Pero siempre hay asuntos pendientes por discutir y resolver.

Cataluña, que aún no ha cicatrizado el asedio cultural y politico soportado durante los 36 años de la dictadura franquista, mantiene reclamos económicos, fiscales y de otro orden, desde la instauración de la democracia. Se admite que los mismos no han sido tratados, o negociados, con la debida atención por el gobierno central. Pero es enteramente desproporcionada la propuesta de un referendum separatista, ilegal e inconstitucional. Una reclamación territorial carente hoy de sentido historico, que luce como un anacronismo medieval.

Ya, lamentablemente, hay un pueblo emponzoñado por el liderazgo aventurero (aplaudido y apoyado por nuestro madurismo) que divide no solo a catalanes del resto de los españoles, sino a los catalanes entre sí; ya los manidos calificativos de apátridas y fascistas etiquetan a quienes se oponen a esta anacrónica separación, que no tiene nada que ver con autodeterminación y es contraria al barrido de fronteras que ha integrado a la Europa de la posguerra. Si prospera, sería una mutilación más que un divorcio, donde nadie ganaría.

por Ramón Peña

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