Economía terminal

En pocas palabras

“Como guiado por una suerte de anti manual del bienestar, este régimen ha logrado una suma de males que trascienden los bolsillos de los ciudadanos y afectan hasta su salud y su moral.”

Es difícil imaginar que se puedan sumar mayores daños a las dolencias económicas que ya padece nuestra sociedad. Como guiado por una suerte de anti manual del bienestar, este régimen ha logrado una suma de males que trascienden los bolsillos de los ciudadanos y afectan hasta su salud y su moral. La formula de socialismo, controles y corrupción ha forjado un caso inédito en América de economía al garete, de país en estado de abandono: pobreza e indigencia, ruina de la producción publica y privada, caída del consumo, deuda impagable, inflación y escasez incontrolables, reservas internacionales misérrimas, déficit fiscal, corralito bancario, escasez de moneda circulante, vialidad, comunicaciones y servicios públicos miserables, son algunos de sus rasgos.

La nuestra es una situación incomparablemente más grave que la crisis económica vivida en la Argentina a finales de 2001 y que acabó con la presidencia de Fernando de La Rúa. Aquella crisis, juzgada insoluble, reclamaba del mandatario su renuncia. La calle estallaba en violencia, la represión arreciaba, los saqueos se multiplicaban. Incapacitado para resolverla, De La Rúa decidió abandonar la presidencia. Es interesante la narración de aquel episodio por uno de sus cercanos colaboradores: ‘’A los veinte minutos de conocerse la renuncia, no quedó nadie en las calles, todos se fueron a casa…su salida fue como un bálsamo para los argentinos…’’

Nuestra economía en estado terminal reclama ese ‘’bálsamo’’. Es impostergable poner las riendas del país en manos que tengan la voluntad y la capacidad para reactivar la economía, defender el valor de la moneda y acceder al crédito internacional. No esperamos del Golem gobernante un gesto de grandeza comparable al del Presidente De La Rúa. Pero su salida es el único objetivo estratégico que ha de reconstituirse y al cual deben apuntar todas las formas de lucha que adopte la dirigencia democrática, articulada con quienes alguna vez confiaron en las virtudes de esta revolución.

por Ramón Peña

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