Amar a Venezuela

“Los venezolanos requerimos con urgencia amar aún más a Venezuela. Y Venezuela está necesitada de recibir ese amor.” Imagen tomada de la web; sin menoscabo de los derechos de su autor.

Podemos amar a Venezuela de muchas maneras. En este escrito me voy a referir a dos de ellas. La primera forma de amar a nuestro país es a través de la familia. El hogar es el centro de grandes riquezas espirituales, morales, éticas y emocionales. No importa cómo sea la familia. No importa si es una familia pequeña o grande. No importa si tiene ambos padres o uno solo de ellos. No importa si es una familia con riquezas materiales o sin ellas. Lo más importante es que en ella exista el propósito de consolidar valores y principios que única y exclusivamente allí pueden generar robustez y a la vez sensibilidad. Si en cualquier familia decente, convencida que la dignidad es un ideal supremo, se siembra el respeto, el cumplimiento de normas, la solidaridad, la distribución de oficios en la casa, la protección hacia cualquier ser vivo, sea animal o vegetal, la puntualidad, la honestidad, la verdad ante cualquier circunstancia desfavorable, la unión en los tiempos difíciles, el aporte de las destrezas y habilidades individuales para la consecución de las metas comunes del hogar, el espíritu de colaboración hacia los vecinos, el reconocimiento por las buenas acciones, el temor a Dios, la bondad y, sobre todo, el amor entre los integrantes del núcleo familiar y hacia el prójimo, entonces todo eso tiene que repercutir en Venezuela. Familias con fortalezas y sentimientos admirables es una Venezuela llena de baluartes y de querencias.

La segunda forma en que podemos amar a Venezuela es haciendo lo que sabemos hacer con excelencia. Si cada quien, en su trabajo, oficio, ocupación, labor, destreza, coloca la mayor pasión, una inquebrantable entrega, un firme optimismo por alcanzar logros, una voluntad a toda prueba, una actitud proactiva, un ingenio productivo, una disposición para compartir en equipo, una vocación nacida de la conciencia, un apego por los buenos procesos, todo ello también va a repercutir en una Venezuela fructuosa, un país fecundo, un bienestar y progreso material, moral y espiritual en la Nación. Una Venezuela de trabajo incansable y de valor por el esfuerzo provechoso y de méritos será una auténtica potencia.

Los venezolanos requerimos con urgencia amar aún más a Venezuela. Y Venezuela está necesitada de recibir ese amor. Debe ser un amor robusto, compacto, consistente, a la vez emotivo, vehemente, cálido, entusiasta, desde la familia y el trabajo.

por Isaac Villamizar

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